Algunas precisiones sobre religión, dogmas, dios y maestro.

Algunas precisiones desde el Budismo,

acerca de religión, dogmas, dios o divinidad, y maestro.

Prof. Humberto Barahona

Santiago de Chile, Abril 2020

Religión (RAE.es)

Del latin religio, -ōnis.

1. f. Conjunto de creencias o dogmas acerca de la divinidad, de sentimientos de veneración y temor hacia ella, de normas morales para la conducta individual y social y de prácticas rituales, principalmente la oración y el sacrificio para darle culto.

Dogmas, creencias, divinidad, rituales:

Desde el punto de vista occidental el concepto religión contempla las ideas de “dogma” de “dios o divinidad”. así como de “prácticas rituales”.

Pues bien, el Budismo no plantea nada como un “dogma”, algo que deba ser aceptado a título de fe ciega. El Buddha plantea en muchas oportunidades que sus enseñanzas deben ser analizadas por la razón y comprobadas por uno mismo, antes de ser aceptadas. Tampoco el Budismo es una mera “creencia”, no hay nada que deba ser aceptado a priori, dado que el método budista se basa en la percepción de un cuerpo físico y de algo que llamamos mente, ambas cosas de las cuales tenemos cierta y razonable certeza. No necesitamos “creer” en el cuerpo físico ni en la mente. En consecuencia, desde un punto de vista occidental, el Budismo no es una religión, sin embargo, desde un punto de vista oriental o más universal, el Budismo sí es un camino de autoconocimiento y realización espiritual. Ej Enseñanza sobre el Orfebre.

Respecto de un “dios o divinidad” creadora del Universo, el Budismo es un método “no teísta” (teísmo: creencia en un dios como ser superior, creador del mundo). El método budista no está basado en una teoría teológica. El Buddha plantea que debemos intentar primero conocer lo que somos nosotros mismos primero, antes de formular teorías acerca del origen de todas las cosas. Quizá en esta investigación sobre nosotros mismos, en algún momento podamos atisbar algo sobre lo que está más allá de nuestra comprensión. El budismo no se basa en una revelación mística. Los seres humanos nada sabemos sobre el origen primero de las cosas, ni siquiera del origen del universo físico, solo tenemos teorías científicas. Menos aún podemos sustentar como ciertas, meras teorías teológicas o metafísicas. En algunos discursos, el propio Buddha plantea que hay ciertos asuntos sobre los cuales no tiene ninguna utilidad discutir interminablemente, debido a que no tenemos los recursos para poder demostrarlos. Ej. Historia del hombre herido por una flecha envenenada. San Agustín y la historia del niño en la playa.

Respecto de “rituales”, el Buddha no establece ningún tipo de rituales o sacrificios, todo lo contrario, señala expresamente que no debemos “apegarnos” a tales prácticas. Esto no quiere decir que no respetemos las costumbres de otros que las tienen por valiosas, solo que el Camino budista no contempla rituales para el desarrollo de la sabiduría, el amor y la compasión. En el contexto del Budismo contemporáneo, tanto Theravada, como Mahayana y Vajrayana, las comunidades tienen ciertas ceremonias o rituales, que han sido introducidas al paso de los siglos en diversas culturas y cuyo valor va a depender del significado y motivación que están detrás, pero el Buddha histórico recomendaba no apegarse a ellas.

En cuanto al concepto de “maestro” en los tiempos del Buddha se tenía la idea de “amigo espiritual”, alguien que puede tener mayor experiencia que uno y que puede ofrecerte un consejo útil, pero no hay nada como apegarse ciegamente a un “maestro”. Los textos budistas que recogen el relato de los acontecimientos próximos a la muerte de Siddhattha, el Buddha, consignan que alentó a sus discípulos a formularle las preguntas que quisieran, entonces, por supuesto, le preguntaron quien sería el sucesor del Buddha después de su muerte y él respondió que no dejaba ningún sucesor, pero agregó algo muy importante, señaló que sus enseñanzas, el Dhamma o Dharma Budista, sería su sucesor… El Dhamma sería el Maestro. Porque apegándose a las enseñanzas, estudiándolas, analizándolas, probándolas… surge la propia experiencia y de la propia experiencia viene el verdadero conocimiento y de éste eventualmente, destila la sabiduría. El conocimiento y la sabiduría no se transmiten por ósmosis, surgen como resultado de la propia experiencia. Tal como dice Cervantes: “la experiencia es la madre de las ciencias” (El Quijote I 21).

De esta manera, el Buddha se adelantó a nuestra época, en que todo lo oculto es mostrado, y se conocen los escándalos por transgresiones éticas de muchas veces connotadas autoridades religiosas que detentan innumerables títulos honoríficos. De ahí surge en gran daño a la comunidad que sigue a tales personajes que generalmente poseen gran carisma y la gente los sigue hipnotizados. Hay ejemplo de todo esto en todas las religiones y por supuesto también en el budismo. Por ello, incluso en el Budismo Vajrayana o Tibetano, donde la relación directa con un maestro es muy importante, debido al sistema de iniciaciones tántricas y demás, los grandes y calificados maestros tibetanos señalan que el estudiante antes de adoptar un maestro, debe observar su conducta por un buen tiempo; y lo mismo hace el maestro con el candidato, antes de aceptarlo como discípulo. No hay nada como una creencia ciega o seguir ciegamente a un instructor en el Budismo.

Sin embargo, después de 2600 años desde la muerte del Buddha, en los grupos y organizaciones budistas, uno frecuentemente puede encontrar muchas trazas de dogmatismo, de fanatismo… Nada más lejos de las enseñanzas del Buddha. Los responsables de ello, somos nosotros mismos por seguir ciegamente a otra persona, que al final de cuentas, por muy respetable que sea, no es más que otro ser humano. Pero especialmente, hay gran responsabilidad de los “maestros” que permiten que estas actitudes se desarrollen en su comunidad.-

El Señor Buddha ha declarado:

«Que no hemos de creer en lo dicho, simplemente porque ha sido dicho; ni en las tradiciones, porque han sido transmiti­das desde la antigüedad; ni en los rumores como tales; ni en los escritos de los sabios, porque ellos los han escrito; ni en las fantasías que sospechamos nos han sido inspiradas por un deva (es decir una supuesta inspiración espiritual); ni en las deducciones basadas en alguna suposición casual que hemos hecho; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instruc­tores o maestros, sino que hemos de creer cuando lo es­crito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y experiencia. “Por eso” dice, “les he ense­ñado a no creer por el solo hecho de haberlo oído decir; pero que cuando crean con toda conciencia, entonces ac­túen de acuerdo a ello, con plenitud”.

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